Por: Tito Fuentes.

El elenco de la obra junto a su director, Gerardo Blanco López y Trina Itriago, directora general del CAI.

El elenco de la obra junto a su director, Gerardo Blanco López y Trina Itriago, directora general del CAI.

Como adultos que de momentos pensamos en el teatro, realmente nos interesamos en él por el entretenimiento y recreación que representa la ficción del autor con base en algún, no necesariamente, sustento real. Pero no pensamos en teatro para niños. En Venezuela aún es un arte extraordinariamente joven si tomamos como fecha de partida las iniciativas que al respecto desde 1952 se llevaron a cabo, de la mano Lily Álvarez Sierra. No obstante, el teatro infantil es considerado, aun hoy, la menor dentro del mundo de las artes escénicas venezolanas; razón por la cual, comparativamente hablando, no son muy numerosas este tipo de escenificaciones y mucho menos las obras que con tal propósito se escriben en nuestro país. Es por ello que, en los más de sesenta años de evolución de este tipo de género escénico, resulta toda una novedad la producción y montaje de “El Árbol de Salvatoris”, concebida y escrita para la chiquillería por parte Gerardo Blanco López, Director del Grupo Bagazos.

La obra en sí, es un evento inédito por diversas razones, entre las cuales vale la pena destacar la musicalización y el sonido. En efecto, la letra y composición musical es completamente original, cuya autoría, arreglo y producción corre a cargo de Daniel Atilano, quien la ofrece más que como un material simpático, agradable y alegre, la presenta como un binomio perfecto de fusión con el parlamento; y ambos potenciados por la indiscutible alta fidelidad del sonido de la “Caja Teatral”.

Sin pretender ser una gran superproducción, los vivos y alegres colores tanto del vestuario como de la escenografía, juegan armoniosamente con el movimiento, gracia y cadencia del cuerpo actoral del Grupo Bagazos, que no solamente cuenta con excelentes diálogos, sino que hace alarde de grandes dotes de histrionismo y dicción, logrando el cometido de contagiar al público con el contenido e involucrarlo con el proceso escénico provocando la identificación de los niños con los personaje y actores.

salvatori-sogni-interpretado-por-halsyn-ortiz

Pero comentar solamente a acerca de la musicalización, sonido, escenografía y actuación en la obra, desdice mucho de su magnífico, impactante y excelente contenido y propósito. En efecto, como parte de un proceso de desarrollo de las artes escénicas en Venezuela, con el apoyo y patrocinio del Centro de Artes Integradas, “El Árbol de Salvatoris”, más que una experiencia temprana que acerca al pequeño al proceso del mundo del teatro, presenta, como pocas piezas teatrales, transversalidad de contenidos. Es por ello que, más allá de ser un excelente espectáculo de entretenimiento y diversión, por el carácter pedagógico con el que quizás haya sido concebida la obra, subyace en ella una fuerte carga de promoción de principios y valores, los cuales están especial y delicadamente dirigida a la formación de los pequeños en valores éticos desde una perspectiva crítica y consciencia en pro de la defensa de la naturaleza. Finalmente, la forma pintoresca y fabulada como Gerardo Blanco López la concibió, busca resaltar el legado de Salvador Itriago, un auténtico visionario del movimiento de integración de las artes venezolanas.

Por todo lo antes expuesto, “El Árbol de Salvatoris” sin dudarlo es, simultáneamente, un mágico colirio para el alma y los sentidos de quienes hemos tenido el privilegio de asistir a su presentación y una delicates escénica-intelectual sin desperdicio.

Tagged with: